San Pedro de Alcántara
Datos Históricos
Nacimiento: 1499 en Alcántara, Cáceres, España
Muerte: 18 de octubre de 1562 en Arenas de San Pedro, ávila, España
Canonización: Beatificado el 12 de marzo de 1622 por Gregorio XV; canonizado el 28 de abril de 1669 por Clemente IX
Patronazgo
Atributos Iconográficos
Lugares donde se venera
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Vida y Legado
San Pedro de Alcántara, cuyo nombre de bautismo era Pedro Garavito, nació en 1499 en Alcántara, provincia de Cáceres, España. Es uno de los más grandes místicos y reformadores de la Orden Franciscana, conocido por su extrema austeridad, sus éxtasis contemplativos y su guía espiritual a Santa Teresa de ávila.
Hijo de padres nobles pero piadosos, Pedro recibió una educación cristiana sólida. Desde niño se distinguió por su inclinación a la oración y a la penitencia. A los dieciséis años ingresó en la Universidad de Salamanca para estudiar leyes, pero pronto descubrió que Dios lo llamaba a otra vida.
A los dieciséis años, contra la voluntad de su familia, ingresó en el convento franciscano de Manxaretes, donde los frailes vivían una observancia estricta de la regla de San Francisco. Fue ordenado sacerdote en 1524, a los 25 años. Desde el principio de su vida religiosa se destacó por su vida de oración y penitencia extraordinarias.
Pedro se sintió llamado a vivir el Evangelio y la regla franciscana en su más absoluta pobreza y austeridad. La relajación que veía en muchos conventos franciscanos lo entristecía profundamente. Anhelaba una reforma que devolviera a la orden el espíritu original de San Francisco de Asís.
En 1540 fundó la primera casa de la reforma alcantarina en Pedroso, donde él y un grupo de frailes comenzaron a vivir una observancia extremadamente rigurosa de la regla franciscana. Sus austeridades eran legendarias incluso para los estándares de su época:
Dormía apenas dos horas por noche, generalmente sentado, porque su celda era tan pequeña que no podía acostarse. Durante cuarenta años nunca levantó la mirada para ver el techo de su celda ni el rostro de una mujer.
Ayunaba continuamente, comiendo solo una vez al día, y a veces pasaba tres días sin comer. Su comida consistía en pan, agua y alguna verdura, y esto en cantidades mínimas. Se dice que vivió cuarenta años sin comer carne.
Pasaba muchas horas en oración, frecuentemente en éxtasis. Numerosos testigos afirmaron haberlo visto levitando durante la oración, completamente absorto en la contemplación de los misterios divinos.
Caminaba siempre descalzo, incluso por terrenos pedregosos y durante el invierno. Su hábito era el más pobre posible, frecuentemente remendado.
A pesar de esta austeridad extrema, Pedro irradiaba una alegría sobrenatural. Su rostro reflejaba la paz interior que gozaba en su comunión con Dios. No imponía a otros sus rigores, pero su ejemplo inspiraba a muchos a una vida más perfecta.
Fue un gran predicador, especialmente de misiones populares. Recorría pueblos y ciudades de España predicando el Evangelio con tal fervor que movía a la conversión a pecadores endurecidos. Su palabra, respaldada por su santidad de vida, tenía un poder extraordinario.
En 1555 conoció a Santa Teresa de ávila, encuentro providencial que sería fundamental para ambos. Teresa, que estaba comenzando su reforma del Carmelo, encontró en Pedro un guía espiritual incomparable. él la alentó en su empresa, confirmó sus experiencias místicas como auténticas, y la defendió de quienes criticaban su reforma.
Teresa escribió sobre él: "Era tan extremadamente delgado que parecía hecho solo de raíces de árboles". Pero también testificó sobre su profunda sabiduría espiritual: "Aunque tenía poca letra de libros, tenía mucha de Dios". La amistad espiritual entre ambos santos es uno de los episodios más hermosos de la historia de la espiritualidad.
Pedro escribió varios tratados espirituales, siendo el más importante su "Tratado de la oración y meditación", obra profunda sobre la vida contemplativa que influyó en muchos santos posteriores.
Sus dones místicos eran extraordinarios. Además de frecuentes éxtasis y levitaciones, tenía el don de leer los corazones, profecía y bilocación. Numerosos milagros ocurrieron por su intercesión durante su vida.
En 1561 fue enviado a Portugal donde continuó su labor de reforma y predicación. Fundó varios conventos de la reforma alcantarina, que se extendió por España y Portugal. Su reputación de santidad era tal que multitudes acudían a verlo y escuchar sus consejos.
Murió el 18 de octubre de 1562 en Arenas de San Pedro, ávila, a los 63 años, completamente agotado por sus penitencias y trabajos apostólicos. Sus últimas palabras fueron: "¿Qué alegría tengo de irme a cantar Maitines al cielo!". Murió de rodillas, en oración, como había vivido.
Fue beatificado en 1622 junto con San Ignacio de Loyola, Santa Teresa de ávila, San Francisco Javier y San Felipe Neri. Fue canonizado en 1669 por Clemente IX. Es patrono de Brasil y de Extremadura.
Oración
Glorioso San Pedro de Alcántara, modelo sublime de penitencia y oración, tú que viviste crucificado con Cristo en la más rigurosa austeridad, intercede por nosotros. Concédenos el don de la oración contemplativa, el espíritu de penitencia conforme a nuestra vocación, y la alegría espiritual que brota de la comunión con Dios. Ayúdanos a desprendernos de las comodidades superfluas y a buscar solo a Dios. Que tu ejemplo nos inspire a vivir el Evangelio con radicalidad y alegría. Amén.
Festividades y Tradiciones
- Memoria de San Pedro de Alcántara, presbítero - 19 de octubre
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