San Juan de Ribera

6 de enero

Datos Históricos

Nacimiento: 20 de marzo de 1532

Muerte: 6 de enero de 1611

Canonización: 1960 por Juan XXIII

Veneración: Sevilla, Espa�a - Valencia, Espa�a

Patronazgo

Archidi�cesis de ValenciaColegio de Corpus ChristiObispos reformadoresEducadores cat�licosPobres y necesitados

Atributos Iconográficos

B�culo pastoralMitra de arzobispoC�liz eucar�sticoModelo del Colegio de Corpus ChristiLibros de teolog�aCruz pectoral

Lugares donde se venera

🏛️ Ciudades relacionadas:

MendozaValenciaSan JuanSevillaSalamanca

Vida y Legado

San Juan de Ribera naci� en Sevilla el 20 de marzo de 1532, en el seno de una familia aristocr�tica profundamente cat�lica. Su padre, Per Af�n de Ribera, era duque de Alcal� y virrey de N�poles; su madre, Mar�a de Mendoza, descend�a de las m�s nobles casas de Castilla. Desde la cuna, Juan estuvo destinado a los m�s altos honores eclesi�sticos, pero su santidad no vendr�a de su cuna noble, sino de su coraz�n completamente rendido a Cristo.

A los catorce a�os ingres� en la Universidad de Salamanca, donde estudi� bajo la direcci�n de santo Tom�s de Villanueva. El ejemplo de su maestro �que renunciaba a toda comodidad para darlo todo a los pobres� marc� profundamente al joven arist�crata. Siendo a�n estudiante, Juan dedicaba largas horas a la oraci�n nocturna y distribu�a entre los necesitados lo que su familia le enviaba para su sustento. Sus compa�eros le llamaban "el noble mendigo", porque vest�a con sencillez extrema mientras su linaje le habr�a permitido todo lujo.

Ordenado sacerdote en 1557, su primer impulso fue renunciar a todas las dignidades que su apellido le ofrec�a y retirarse a un convento de cartujos. Pero su confesor y el propio Felipe II le hicieron ver que Dios le llamaba a servir en puestos de gobierno para reformar la Iglesia desde dentro. Con obediencia heroica, acept� ser nombrado obispo de Badajoz en 1562, a los treinta a�os, convirti�ndose en uno de los prelados m�s j�venes de Espa�a.

En Badajoz despleg� un celo apost�lico que asombr� a todos. Visitaba personalmente cada parroquia de su di�cesis, a pie o en mula, durmiendo en posadas humildes y comiendo lo mismo que los campesinos. Predicaba en las plazas, catequizaba a los ni�os, confesaba durante horas interminables. Fund� el seminario diocesano siguiendo los decretos del Concilio de Trento �que apenas acababa de concluir� y reform� conventos relajados con firmeza y caridad. Los pobres le llamaban "padre de los miserables", porque repart�a todo lo que ten�a y m�s, llegando a empe�ar los ornamentos sagrados para dar de comer a los hambrientos durante las malas cosechas.

En 1568, Felipe II le traslad� al arzobispado y patriarcado de Antioqu�a con sede en Valencia, cargo que ocupar�a durante los siguientes cuarenta y tres a�os hasta su muerte. Valencia era entonces una de las di�cesis m�s complejas de Espa�a: gran poblaci�n morisca, clero relajado, poderosos nobles que interfer�an en asuntos eclesi�sticos, y graves tensiones sociales. Juan de Ribera se entreg� a esta tarea herc�lea con la energ�a de un gigante espiritual.

Su primer acto como arzobispo fue reformar su propia casa: redujo la servidumbre al m�nimo, vendi� tapices y objetos de lujo, convirti� las caballerizas en hospicio para pobres. Dorm�a sobre un jerg�n, com�a una vez al d�a alimentos sencillos, dedicaba cinco horas diarias a la oraci�n. Los cortesanos murmuraban que "el arzobispo vive como un fraile franciscano", y ten�an raz�n. Pero esta austeridad personal le daba autoridad moral para exigir santidad a su clero.

Visit� cada rinc�n de su vast�sima archidi�cesis �que abarcaba todo el Reino de Valencia� personalmente, a pesar de su d�bil salud. Reform� m�s de doscientos conventos y monasterios, expulsando religiosos indignos y restaurando la observancia. Fund� el Colegio de Corpus Christi (1583), joya del Renacimiento espa�ol, dot�ndolo con su fortuna personal para que formara sacerdotes santos y sabios. El colegio, que a�n existe, fue dise�ado como una peque�a ciudad de Dios: iglesia espl�ndida, biblioteca inmensa, residencia para seminaristas, escuela gratuita para ni�os pobres, todo ello financiado por la venta de las propiedades que Juan hab�a heredado de su familia.

Su devoci�n eucar�stica era legendaria. Celebraba la misa con tal fervor que los fieles lloraban de emoci�n al verle. Instituy� la adoraci�n perpetua en su catedral y mand� construir sagrarios monumentales en todas las parroquias. Durante la procesi�n del Corpus, caminaba descalzo llevando la custodia, y exig�a que toda Valencia se arrodillara al paso del Sant�simo, sin excepci�n de clase o religi�n.

El problema morisco fue la cruz de su episcopado. Juan intent� la conversi�n sincera de los moriscos mediante la predicaci�n, la catequesis y las obras de caridad. Aprendi� �rabe para poder predicarles en su lengua, fund� escuelas gratuitas para sus hijos, defendi� sus derechos ante los abusos de nobles cristianos. Pero tras d�cadas de esfuerzos infructuosos y ante las continuas conspiraciones de los moriscos con los piratas berberiscos y el imperio turco, lleg� a la dolorosa convicci�n de que la �nica soluci�n era su expulsi�n.

Cuando Felipe III decret� la expulsi�n de los moriscos en 1609, Juan de Ribera apoy� p�blicamente la medida, aunque le doliera en el alma. Algunos historiadores modernos le han criticado duramente por esto, pero debe entenderse en el contexto de una �poca donde la unidad religiosa se consideraba esencial para la supervivencia del Estado, y tras d�cadas de rebeliones moriscas que amenazaban con entregar Espa�a a los turcos. El propio Juan llor� amargamente por aquellas almas perdidas y pas� sus �ltimos a�os en penitencia por todos los que no hab�a logrado convertir.

Sus �ltimos a�os fueron de intenso sufrimiento f�sico �padeci� dolorosas enfermedades� pero de inmensa paz interior. Muri� el 6 de enero de 1611, festividad de la Epifan�a, tras recibir los sacramentos con devoci�n edificante. Sus �ltimas palabras fueron: "En tus manos encomiendo mi esp�ritu". Toda Valencia llor� su muerte. Los pobres, que hab�an perdido a su mayor benefactor, llenaron las calles en procesi�n espont�nea.

Fue beatificado por P�o VI en 1796 y canonizado por Juan XXIII en 1960. Su cuerpo incorrupto se venera en la capilla del Colegio de Corpus Christi de Valencia, que �l fund�. Es patrono del arzobispado de Valencia y modelo de obispos reformadores que combinan firmeza doctrinal con caridad heroica. Su vida demuestra que la santidad no est� re�ida con el ejercicio del poder cuando este se usa solo para servir a Dios y a los pobres.

Oración

Oh glorioso San Juan de Ribera, pastor ejemplar y padre de los pobres, que renunciaste a las riquezas de tu noble linaje para servir a Cristo en sus necesitados. T� que reformaste la Iglesia con tu vida austera y tu caridad heroica, alcanzanos la gracia de vivir desprendidos de los bienes materiales y generosos con los necesitados. Ens��anos a adorar a Cristo Eucarist�a con el fervor que t� tuviste, y a trabajar por la formaci�n de santos sacerdotes como t� hiciste. Intercede por los obispos para que sean pastores seg�n el Coraz�n de Dios, y por todos nosotros para que busquemos solo la gloria de Dios y el bien de las almas. Am�n.

Festividades y Tradiciones

  • 6 de enero - Festividad principal (aniversario de su muerte)
  • Corpus Christi - Especial veneraci�n por su devoci�n eucar�stica
  • 14 de enero - Traslado de sus reliquias al Colegio de Corpus Christi
  • Procesi�n anual en Valencia en el Colegio de Corpus Christi

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